UNA VISIÓN HOLÍSTICA DEL ORIGEN DE LAS ENFERMEDADES

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Las enfermedades no surgen porque si, sino que están estrechamente relacionadas con nuestra actitud respecto a la vida y sus contingencias.

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“Para la medicina occidental, un determinado campo genético predispone a una enfermedad determinada. Esta predisposición puede ser congénita o adquirida. Para la oriental, la enfermedad es testimonio de un obstáculo en la realización del camino de la vida. La conciencia expresa de esta manera los obstáculos (en pleno desarrollo) a través de las perturbaciones energéticas generadoras de las enfermedades”
Thierry Medynski
Médico Homeópata

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Estas dos visiones no son forzosamente incompatibles, no se excluyen, contrariamente a lo que algunos quisieran; solamente que no se preocupan de los mismos niveles, aun cuando estudien el mismo tema, el vínculo entre ellos, como en el ser humano, es un principio de coherencia, esto permite unificar el conocimiento y sus diferentes paradigmas que no son antagonistas, sino complementarios.

Aceptar esta idea nos permite acercarnos a interpretar esos vínculos a través del lenguaje del cuerpo. Es este lenguaje en el que profundizamos en la Psicología de la energía® para vincular mente, cuerpo, alma, psiquis, emocionalidad y sus medios de expresión que son los traumatismos, las enfermedades y los actos fallidos.

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¿Cómo y por qué relacionar las manifestaciones físicas, los síntomas, las enfermedades o los accidentes (actos fallidos) con lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo?

La medicina occidental (alopática) tradicional no lo puede hacer ya que su enfoque está demasiado dirigido al síndrome, y por lo tanto, su campo de observación está restringido, esto le impide llegar a la verdadera causa que tan solo se puede justificar por el azar (accidente) o por los elementos externos (virus, microbios, alimentos, medioambiente, etc.)

Al ampliar nuestra visión y al contemplar al hombre en su globalidad física, emocional y espiritual (visión integradora – Holística) podremos volver a relacionar los diferentes niveles que componen su existencia, dándole su auténtica dimensión; sólo de esta manera podremos comprender la razón de “ser” del ser humano y, por consiguiente, también las razones de su “malestar”.

Como todas las manifestaciones energéticas de nuestro mundo, la realidad humana necesita de un soporte, de un cuerpo físico para poder traducir o expresar lo que está ocurriendo en su más profunda base. Todos necesitamos el gesto, la palabra, para expresar nuestros pensamientos y sentimientos, por lo tanto no parece que la mente humana tenga mucha razón de ser sin su proyección materializada que es su cuerpo físico.

Por lo tanto el ser humano tiene que buscar el equilibrio entre el cuerpo, el espíritu y la mente y lo más importante es que a través de la expresión del cuerpo podrá, si realmente quiere, descodificar lo que ocurre en el espíritu (y viceversa). Cuando el conjunto funciona de una manera coherente, la realidad física está en acuerdo con la realidad espiritual de la persona y entonces la existencia se desarrolla normalmente, cuando se produce una distorsión entre los dos, cuerpo y alma/ psiquis o entre el consciente y el no- consciente, entre el guion inicial y el interpretado por el actor, es entonces cuando aparecen los mensajes, las señales de alerta. El ser humano tiene principalmente tres tipos de señales, tres maneras de vivir en su cuerpo, estos tres tipos de mensajes son las tensiones físicas o nerviosas, los traumatismos físicos y psicológicos y las enfermedades orgánicas o psicológicas.


a. Las tensiones físicas y psicológicas


Se refiere al primer modo de expresión que es una percepción de tensión, de desagrado como por ejemplo las tensiones dorsales, las dificultades digestivas, las pesadillas, el malestar físico o psicológico. En este punto nos encontramos en la fase “normal” de expresión de la tensión interior, el no - consciente utiliza una percepción psicológica o fisiológica para expresar lo que ocurre. Es el maestro o guía interior que llama para advertir que algo no funciona (ej.: cansancio, necesidad de parar, dirección de la vida errada, etc.)

Si la persona está dispuesta a escuchar estos llamados de atención y aceptar el mensaje a nivel del consciente, aplicará los cambios necesarios en su comportamiento y las tensiones desaparecerán. Sin embargo, desafortunadamente tenemos mucha resistencia a ser receptivos a partir de ese nivel. Hay muchos motivos para esto, pero una muy común es nuestra tendencia natural a la facilidad y a nuestra cultura que separa la mente y el cuerpo y hace que hayamos perdido la capacidad de relacionarnos. De esta forma desarrollamos nuestra sordera interior.

Este primer nivel de mensaje es extraordinariamente rico. Para hacerse comprender, nuestro no – consciente tiene que recurrir a veces a otros dos tipos de mensajes, los traumatismos y las enfermedades y estos son claramente más fuertes y contundentes.

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b. Los traumatismos del cuerpo


Este es un segundo modo de comunicación  más fuerte; es una segunda fase dentro de la calificación de los mensajes y es cuando la persona a través de su no consciente está en la búsqueda de una solución. El traumatismo es una expresión activa. Es un mensaje nuevo y más notorio que el anterior para hacer suficiente ruido y obligar a ser escuchado.

El traumatismo obliga a la persona a tomar un tiempo de descanso a parar momentáneamente su dinámica no ajustada de vida, para que entienda lo que ocurre y cambie. Además también es una tentativa de liberación de energía de tensiones que son acumuladas y almacenadas debido a la distorsión interior de la persona, es por eso que nunca se produce al azar en el cuerpo el choque, el corte, el esguince, la fractura, etc., se producirá en un momento físico muy preciso, con el fin de evacuar las energías bloqueadas en este punto y por lo tanto nos ofrece una información muy exacta sobre lo que está ocurriendo en nosotros. Torcerse el tobillo derecho, producirse un corte en el pulgar izquierdo, golpearse la cabeza, etc., responderá cada vez a alguna situación de tensión, de desajuste y es bastante claro que debería ser comprendido y si no intentamos buscar una solución y si nos limitamos a “pasar de largo” el mensaje, nos arriesgamos a tener que volver a revivir esa tensión mucho más duramente.

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c. Las enfermedades orgánicas y psicológicas


El tercer modo de expresión es finalmente aquel que se apoya en las enfermedades, independientemente de que sean orgánicas o psicológicas o de los dos tipos. En este punto nos encontramos en una fase de liberación de tensiones de las distorsiones internas. Ahora el individuo elimina sus tensiones ya no hacia afuera o abiertamente sino hacia adentro o de manera cerrada, ahora el maestro interior “daña” el cuerpo para obligar a parar. Este tipo de expresiones, aparece al final del ciclo, cuando no se han hecho los cambios o ajustes necesarios y nuestra testarudez nos ha “cristalizado” y fijado las cosas en nosotros. La enfermedad nos abre dos posibilidades nos permite liberar las tensiones almacenadas como una válvula y también sirve como señal de alerta, con una precisión tan exacta como la de los traumatismos, nos dice que está pasando dentro de nosotros y nos da indicaciones posibilitadoras para el futuro.

La enfermedad representa consciente o inconscientemente una prueba del fracaso o de la incapacidad de entender, de admitir, e incluso podríamos decir de percibir la distorsión interior. Es una consecuencia de no haber sabido reaccionar o hacer las cosas de manera diferente para cambiar. Si aprendemos la lección desarrollaremos nuestra inmunidad interior, si no, nos debilitaremos aún más y desarrollaremos enfermedades mucho más fácilmente. Cuanto más antigua o intensa sea la tensión, entonces la enfermedad será más profunda y mas grave.

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d. Los actos fallidos


Se trata de mensajes, por medio de los cuales nuestro yo interior, nuestro guía interior nos trata de sacudir o despertar, nos envía un mensaje para que corrijamos el rumbo, puede tratarse de un error de expresión (lapsus Linguae) Ej.: expresar verbalmente una palabra en lugar de otra, un gesto inadvertido o torpe, tirar un vaso lleno de agua sobre alguien, romper sin querer “por accidente un objeto”, lo que tiene como resultado un acto inesperado y no deseado y finalmente puede llevar a actos fallidos más fuertes como un corte, una torcedura, un accidente automovilístico.

De todo lo anterior podemos concluir:


1. Si la comunicación con nuestro maestro interior todavía funciona se presentaron actos fallidos, es como un hablar un poco más alto que el moderado

2. Si la comunicación con nuestro ser superior es de muy poca calidad casi inexistente, estaremos en la fase de los traumatismos, caer enfermos, gripas, problemas estomacales, resfríos, etc., es como hablar gritando.

3. Si ninguna de las comunicaciones anteriores existe y la expresión con nuestro ser superior se corta definitivamente, se producirá la enfermedad profunda o estructural (sistema inmunitario, cáncer linfático, etc.) es como pasar del grito al hecho, a una comunicación que agrede a los golpes.

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“A quien desee la salud, hay que preguntarle primero si está dispuesto a suprimir las causas de su enfermedad. Solo entonces será posible ayudarle”

Hipócrates
Padre de la medicina

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